La lujuria según el artista Pieter Brueghel

Lujuria, mi pecado favorito

Desde que nos contaron la historia de Adán y Eva, la manzana y la serpiente, creemos que el deseo sexual y los placeres carnales son algo prohibido y condenable. Eso es por que nos enseñaron que la lujuria es un pecado capital. Pero la realidad sobre la lujuria es bastante diferente.

La lujuria tiene muchas caras (igual que el diablo, según dicen). Tiene una cara agradable, la de la lujuria “divertida”, que no daña relaciones de pareja, sino que más bien contribuye a reforzarlas. Y una cara desagradable, que se muestra cuando la lujuria se convierte en un vicio que lleva a las personas a causarse daño a sí mismas y a dañar a sus seres queridos.

Solía ser una persona lujuriosa, creyendo que no le causaba daño a nadie.
Solía ser una persona incontrolablemente lujuriosa…

Sé de lo que hablo por haberlo vivido en carne propia: solía ser una persona lujuriosa y pensaba que la lujuria era un pecado “bueno” que no causaba daño a nadie. Pero como todos los pecados, pueden parecer buenos y aceptables hasta que se cae en el exceso.

Del latín «luxuria», la lujuria no tenía que ver con el sexo

El significado de la palabra latina luxuria tiene que ver con el derroche desmedido. La palabra española lujo y luxury en inglés provienen del latín luxuria. Desde el momento en que lo asociamos con un pecado capital, por algún motivo le fuimos cambiando el significado a lujuria para hacer referencia al deseo sexual desenfrenado.

La cara oculta de la lujuria y sus consecuencias negativas

El problema con el deseo sexual lujurioso es que no reconoce limitaciones ni medidas. La persona lujuriosa no mide las consecuencias de sus actos y se deja llevar por sus apetitos sexuales, sus impulsos instintivos y primitivos. Los psicólogos dicen que las personas lujuriosas suelen ser aquellas que no encuentran gratificación en ninguna otra cosa más que el placer físico. También dicen que una persona puede alejar sus pensamientos lujuriosos si logra encontrar placer en otras cosas, como el arte, la cocina o el deporte. Al dirigir la atención a otras actividades y comportamientos, los instintos lujuriosos se dispersan.

Según la definición psicológica, la persona lujuriosa en extremo puede sentir la necesidad de buscar satisfacción sexual a todas horas. Cuando el deseo controla a la persona, llevándola a afectar su vida diaria y sus relaciones de pareja, es cuando la lujuria se convierte en un problema que se debe resolver.

¿Cómo se origina la lujuria?

La publicidad estimula deliberadamente nuestros deseos lujuriosos.
La publicidad estimula deliberadamente nuestros deseos lujuriosos.

Las personas lujuriosas pueden serlo por varios motivos. Puede ser por una causa hormonal o biológica: el exceso en la segregación de ciertas hormonas produce una tensión sexual que sólo se resuelve a través del orgasmo. Esta segregación de hormonas se incrementa con la pubertad, por lo que es normal que durante la adolescencia todos seamos más lujuriosos. Pero normalmente disminuye con la madurez. Si no lo hace, puede deberse a una cuestión médica que necesite tratamiento.

La causa de la lujuria también puede tener que ver con la crianza o el aprendizaje. Un niño que no aprende a edad temprana a controlar sus impulsos es candidato a volverse un adulto lujurioso. Otro factor es la presión del entorno: tanto en hombres como en mujeres, tener sexo es un rito que debemos cumplir para lograr la aceptación de nuestros pares, particularmente durante la adolescencia. Este factor viene de la mano del refuerzo social que convierte a las costumbres lujuriosas en motivo de admiración. ¿Quién puede negar que sentimos orgullo al contar historias de relaciones sexuales lujuriosas a nuestras amistades?

La expresiones culturales actuales, y en particular la publicidad, buscan estimular nuestros deseos lujuriosos ocultos para llegar a lo más profundo de nuestro subconsciente. Basta con ver algunas publicidades de perfumes…

¿Qué intentan vender, perfume o lujuria?

¿Es para preocuparse?

Debemos preocuparnos cuando la lujuria se convierte en adicción. La primera señal de alarma es sentir angustia o malestar cuando no se puede llevar a la práctica un deseo sexual. Si sentimos esa alarma y no calmamos esa angustia o malestar con intereses que no tengan que ver con el sexo, podemos ir directamente hacia problemas serios que tienen que ver con las parafilias, como exhibicionismo, voyeurismo, sadomasoquismo. Créanme, sé de lo que hablo. Yo pasé por todo eso, y no terminó bien. Las perversiones pueden llevarnos a cometer delitos graves, y hasta a poner en riesgo nuestras vidas o las de otras personas.

¿Es verdad que los hombres son más lujuriosos?

Respuesta corta: no. Pero extendiendo el concepto un poco, los hombres “la tienen más fácil”, en el sentido de que para un hombre es más fácil dar rienda suelta a sus deseos lujuriosos. El hombre tiene a su disposición una gran oferta de “sexo tarifado” (es decir, prostitución) de todos los precios, clases y variantes. Si un hombre no puede cumplir con su pareja sus fantasías más oscuras, lo puede hacer contratando a una prostituta.

La mujer lujuriosa (por ejemplo, quien suscribe esta nota 😉) lamentablemente no la tiene tan fácil. Cualquier mujer que ande en público manifestando alguna mínima intención sexual corre un grave riesgo de ser víctima de acoso o incluso de violación.

La lujuria descontrolada puede llevarnos a practicar parafilias peligrosas.
La lujuria descontrolada puede llevarnos a practicar parafilias peligrosas.

La condena de las religiones

Las religiones suelen condenar a la lujuria como algo que hay que evitar y reprimir. Para el catolicismo es un pecado capital. El hinduismo, si bien no reprime el sexo (de hecho lo propone como una práctica espiritual a través del tantra), establece que la lujuria es perjudicial para el crecimiento espiritual.

La religión cristiana comparaba los excesos en dinero y bienes con los vicios y perversiones sexuales, generando una confusión entre los diferentes pecados capitales.

La evolución del término lujuria

La palabra luxuria adquirió un nuevo significado a partir del siglo IV, cuando el cristianismo llegó al gobierno romano. Hasta ese entonces, la palabra era usada para denotar todo tipo de derroche desmedido que los más ricos solían hacer para que los demás supieran que gozaban de un estilo de vida superior.

La religión cristiana, al poner al mismo nivel los excesos en posesiones con los vicios sexuales, hizo que el término tuviera un significado mucho más relacionado con el sexo. Y los que más poder y dinero tenían en la antigua Roma reforzaron la idea, haciendo combinaciones extremas de los distintos placeres: posesiones, sexo, fiestas, orgías, todo en forma desmedida.

Impulsos bajo control

Cuando la lujuria se vuelve un problema, se debe buscar una solución para mantenerla bajo control. Lo que proponen los psicólogos es dar los siguientes tres pasos:

  1. Admitir y reconocer que la lujuria es un problema propio y que hay que hacer algo para mitigarla o eliminarla.
  2. Armarse de voluntad, es decir, tomar la decisión de hacer algo para controlar los impulsos lujuriosos.
  3. Iniciar el cambio a través de terapia psicológica o alguna otra clase de ayuda profesional.

Puede ocurrir que no seamos nosotros quienes sufrimos la lujuria en forma directa, pero quizás la sufrimos indirectamente por causa de tener una pareja lujuriosa. La estrategia en ese caso es similar a la que adoptaríamos si nuestra pareja fuera adicta al alcohol o a algún otro vicio: hacerle saber cómo su problema nos afecta, y ayudarlo o ayudarla a dar los tres pasos antes mencionados.

Relatar aventuras sexuales lujuriosas nos da prestigio social.
Relatar aventuras sexuales lujuriosas nos da prestigio social.

La lujuria en un miembro de una pareja muy probablemente lo lleve a cometer una infidelidad. En tal caso se entra en un terreno muy delicado y difícil de manejar: ¿podemos perdonar una infidelidad en nuestra pareja con el argumento de que tiene un problema con la lujuria? Primero hay que evaluar si realmente la persona infiel “sufre” de lujuria o si simplemente es infiel por que quiere. Si observamos que la lujuria es un auténtico problema, el camino más sano para el bien de la pareja es mostrar voluntad para perdonarlo o perdonarla, siempre y cuando tenga a su vez voluntad para curarse.

No es conveniente tratar de reprimir a una persona lujuriosa e infiel por medio de amenazas y control excesivo, ya que sólo se obtendrá desconfianza y angustia en la pareja. Ante una situación semejante, la persona lujuriosa se sentirá incomprendida y buscará la forma de canalizar su lujuria a escondidas.

Reavivar la chispa

Ahora, hablemos sobre la lujuria “buena” ❤️‍🔥 y la que más nos gusta. Es una forma de lujuria inocente, que se mantiene bajo control y fomenta las relaciones de pareja a través de una actividad sexual satisfactoria. Se trata de fomentar la pasión y el placer mutuo como parte del amor dentro de una pareja. O incluso sumando a otras parejas con quienes se tenga confianza, por qué no.

La base fundamental de la lujuria positiva es la comunicación. Los deseos lujuriosos no deben ser secretos entre la pareja. Aunque creas que tu pareja desaprobará tus deseos más oscuros, para mantener una relación sana es preferible que sepa cuáles son. Si no puede compartir contigo esos deseos, o no quiere ayudarte a cumplirlos, es bueno que al menos sepa que tienes deseos lujuriosos y entre ambos decidan qué hacer con ellos: utilizarlos para mejorar las relaciones sexuales de la pareja o tratar de controlarlos de alguna forma para que no se vuelvan peligrosos.

One Reply to “Lujuria, mi pecado favorito”

Deja un comentario

© 2021 Letras Ardientes . Powered by WordPress. Theme by Viva Themes.
A %d blogueros les gusta esto: